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Diez años después de su desaparición, Eric Tabarly continua siendo un emblema de la vela francesa. Su empeño y sus victorias iniciaron el camino de la regata moderna.
Texto de María Eugenia Garaguso
Fotos de Bernard Deguy |
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En la madrugada del 13 de junio de 1998 desaparecía en la inmensidad y la furia del Mar de Irlanda. Entre las aguas a las que había desafiado durante toda su vida. Tabarly, el enamorado de los barcos. Tabarly, el arquitecto que casi “inventó” la vela moderna. Tabarly, el ingeniero siempre en la búsqueda. Tabarly, el campeón que ganó todo en todos los mares. Tabarly, quizá, el mejor navegante francés. Nadie previó un final así para el mejor, nadie imaginó jamás que quien había enfrentado al océano en las peores condiciones terminara sumergido en su silencio y en su oscuridad. Nadie sospechó que terminaría siendo parte del mar.
Desde entonces es venerado por los navegantes y reconocido por sus compatriotas. En Francia un instituto, un bulevar, un muelle, una avenida, una calle, un palacio de deportes y una escuela, entre otras instituciones, llevan su nombre. Tiene un palmarés impresionante que incluye las competencias más famosas, como la Fastnet, Channel Race, Morgan Cup, Plymouth-La Rochelle, Plymouth-Santander, Les Bermudes, Sídney-Hobart y Whitbread Round the World Race.
Es seguro que Eric Tabarly nació en Nantes el 21 de julio de 1931 pero no es posible precisar cuándo nació su pasión por la navegación. No obstante, es probable que el entorno marítimo en el que creció, al norte de Francia y sus primeras experiencias náuticas a bordo del cúter familiar de 9 metros, Annie Pâques, modelaran sus deseos y propósitos.
En 1938 Guy Tabarly, su padre, le compró el Pen Duick a la familia Lebec con la esperanza de restaurarlo. Este barco se convertiría en la constante motivación de Eric que lo llevó años más tarde a ingresar en la marina francesa para lograr mantenerlo a flote.
La pasión por las regatas lo dominaba. Siempre pensaba en navegar y en regatear. Cuando navegaba se concentraba en el barco, cómo hacerlo caminar más, cómo mejorar su diseño para determinadas condiciones o en crear un barco nuevo y mejor para la próxima regata. Así fue como surgió la famosa serie de los Pen Duick, que llevaron todos el nombre de su primer barco, el que lo vio nacer y morir.
La recesión económica que sobrevino a la guerra hizo que la restauración del Pen Duick dejara de ser prioritaria para Guy y el velero fue puesto a la venta. Entonces Eric decidió ingresar a la Marina y en 1952 compró el velero a su padre. Su primer destino en Indochina lo alejó un poco de su propósito pero en 1957 fue trasladado a Lorient, otra vez cerca de su Pen Duick.
A pesar del pronóstico pesimista de su amigo de la infancia Gilles Constantini, a quien le encargó la tarea, emprendió la restauración del Pen Duick y logró llevar su nuevo casco de plástico al agua para Pascua de 1959. Sin embargo, a poco de salir, los obenques se soltaron y el mástil cayó. “Fue una de las pocas veces en mi existencia en que me sentí un poco descorazonado”, dijo el mismo Tabarly cuarenta años más tarde en sus “Memorias de alta mar”.
En 1960 participó en su primera regata, la Jeanne d’ Arc y a partir de entonces cada nuevo desafío que se apoderaba de su mente quedó plasmado en un barco en el que aplicó todos sus conocimientos y los de quienes colaboraban con él y sus mayores esfuerzos. Así emprendió la construcción del Pen Duick II, esencialmente pensado para la Transat que ganó en junio de 1964, un triunfo con el que Francia descubrió a una de las personalidades más originales de su país. Luego lo siguieron el Pen Duick III —ganador de siete grandes pruebas internacionales y del título de campeón de RORC en clase I—; el Pen Duick IV, creado para una nueva Transat; el Pen Duick V, con el que ganó la primera edición de la Transpac en solitario San Francisco-Tokio; el Pen Duick VI para la primera Whitbread Round the World con el que además ganó la Transat en solitario en 1976 tras 23 días y 10 horas de navegación en condiciones meteorológicos adversas —proeza que consolidó su imagen de héroe nacional y le permitió cancelar sus numerosas deudas— y el Paul Ricard, trimarán creado a partir del concepto de “un barco que vuele”.
La vida sentimental del solitario más célebre de Francia fue extremadamente discreta. No obstante el carisma de aventurero de Eric y los efectos de la celebridad le permitieron compensar su timidez y tuvo cierto éxito con las mujeres. En 1967, después de su victoria en la Sydney-Hobart se enamoró de una mujer de origen vietnamita, Danielle, y la unión se oficializó lo suficiente para ser tapa de revistas. Sin embargo terminó en escándalo, ya que se trataba de una mujer casada y madre de una pequeña hija, lo que no fue aceptado por la conservadora familia Tabarly.
La separación agobió notablemente a Eric quien recién diez años más tarde encontró a Jacqueline Chartol, la martiniqueña que lo acompañó durante el resto de su vida. En 1984, a los 53 años se casó con Jacqueline y el 22 de agosto nació su única hija Marie. Él solía decir: “No pienso en el matrimonio, ni en crear una familia, ni en tener un perro grande y bueno”. Hasta que conoció a Jacqueline.
En 1985 se retiró definitivamente de la Marina con el grado de Capitán de Fragata y se comprometió por cuarta vez en la Whitbread a bordo del Côte d’Or. Pero el barco sufrió de una falta de puesta a punto y evidenció problemas estructurales. Esto significó para Tabarly un nuevo fracaso en una regata que soñaba ganar.
El clásico Pen Duick fue restaurado y su presentación se hizo en Rouen en las Fiestas de la Libertad en 1989. A partir de entonces Eric participó con él en las más reconocidas competencias de vela del Mediterráneo y resultó ganador de la Fowey-Falmouth, la Falmouth Classics y la de Yates de Época del Imperio, en Italia.
Tiempo más tarde una nueva edición de la Whitbread encontró a Eric en el monocasco La Poste como skipper durante el último tramo de la regata en la que finalizó tercero. Luego llegó el que sería su último triunfo: la Transat Jacques Vabre, entre El Havre y Cartagena, que ganó junto a Yves Parlier a bordo del 60 pies Aquitaine Innovations.
Entre el 12 y el 13 de junio de 1998 –año en el que se realizaban numerosos festejos por el centenario del Pen Duick, Eric navegaba camino a Escocia con varios tripulantes inexpertos, entre ellos un oficial de la marina francesa, dos compañeros con los que practicaba esquí y un fotógrafo que llevaba el timón. Las condiciones estaban golpeando duro y los dos rizos en la mayor y el pequeño foque le parecieron demasiado al skipper que decidió arriar la cangreja y sustituirla por la de capa. Un fuerte bandazo y la verga golpeó a Tabarly en el pecho mientras esperaba que bajaran el pico de la cangreja para amarrarlo junto a la botavara. El impacto lo lanzó al agua y ya no pudo ser rescatado.
Ni las maniobras efectuadas ni el salvavidas circular lanzado ni las bengalas encendidas para localizarlo pudieron ayudar a Eric que no tenía chaleco salvavidas y cuyo traje de agua no contaba con bandas reflectantes. Desapareció en la noche llenando de desesperación a su tripulación y de dolor a sus afectos, dejando un inmenso vacío en todo el mundo de la náutica.
Tabarly seguirá siendo eternamente “el navegante” que acrecentó con los años su amor por los barcos y las regatas, y nunca, a pesar de la edad y el éxito conseguido, dejó de encarar cada uno de sus proyectos con empeño, trabajo y determinación. Nunca dejó de dedicar su vida entera a la vela con absoluta fidelidad. Como dijo Loïck Peyron poco después de su muerte: “Eric era nuestro padre espiritual y lo seguirá siendo. Esto no necesita forzosamente su presencia” |
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La Ciudad de la Vela
Muchos son los reconocimientos organizados para este año transcurrida una década de la muerte del navegante. En abril abrió sus puertas la Cité de la Voile Éric Tabarly, un lugar único de descubrimiento cultural, científico y tecnológico dedicado a la vela, instalado en un magnífico edificio en Lorient, al sur de Bretaña.
Con su exposición interactiva, sus animaciones y exposiciones, la ciudad invita a vivir una experiencia inolvidable, en un lugar amistoso
y cálido. Un restaurante, un espacio de
actualidad, una tienda y un centro de
documentación completan el lugar, cuyo
proyecto comenzó a gestarse en 1998
en la mente de Jacqueline Tabarly,
presidente de la Asociación Éric Tabarly.
Asimismo, una película dedicada a su vida
y titulada “Tabarly” fue estrenada
el 11 de junio. Obra de Pierre Marcel,
este film recorre 30 años del reconocido personaje. Para ello se recuperaron viejas filmaciones originales en formato 8 mm. Además, en el Palais Chaillot, en París,
se presenta hasta el 8 de septiembre
una exposición de fotos de Eric Tabarly. |
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Sus mejores amigos,
los barcos
LA BELLE POULE y L’ETOILE. Dos barcos escuela históricos construidos según el
modelo de las antiguas goletas de pesca islandesas abundantemente cargadas de vela que incluso en la actualidad son el orgullo de la Marina francesa.
JEANNE D’ARC. Barco escuela de la Navale, botado en 1932, en el que Eric se embarcó en 1960 con todos los diplomados de su clase para dar media vuelta al mundo.
PEN DUICK. El más querido y fiel de todos
sus amigos de juventud. Cúter de 15 metros, diseñado por el escocés William Fife (h) —creador de los barcos de Copa América Shamrock I y Shamrock III— y construido
en Irlanda bajo el nombre de Yum.
JILL. El JI de ocho metros, de su padrino Marcel Oller quien amaba a su barco más allá de lo razonable. Un pura raza, precioso, raro, que prestaba, no obstante, a su amigo Guy y a su hijo.
AQUITAINE INNOVATION. El 60 pies
ultramoderno con el que disputó la Transat con Yves Parlier. Eric apreciaba sus
prestaciones pero criticaba su comodidad.
PEN DUICK II. Es el primer velero de Eric Tabarly concebido especialmente para una regata: la segunda edición de la Transat, competencia en solitario, en 1964.
PEN DUICK III. El que más gratificaciones le dio a Eric Tabarly en regatas. Es una gran extrapolación del Pen Duick II, concebido para correr la Transat en solitario de 1968 pero también para regatas con tripulación. En el año de su lanzamiento, 1967, resultó campeón del RORC ganando todas las
competencias en las cuales participó.
Fue construido en aluminio en una época marcada también por el principio del patrocinio para cerrar el presupuesto de
construcción. Navegó por todos los mares del globo, con tripulación o en solitario.
PEN DUICK IV. Un trimarán revolucionario,
con numerosas innovaciones para la época, que no tuvo el tiempo necesario para la puesta a punto antes de la Transat. Diseñado por André Allègre y construido en el astillero La Perrière, en Lorient, era un velero de 20 metros, muy ligero, construido en aluminio.
Con su nuevo nombre, Manureva,
desapareció trágicamente durante la primera Route du Rhum llevándose a su capitán, Alain Colas, el 16 de noviembre de 1978.
PEN DUICK V. Un prototipo de 35 pies
concebido especialmente para la Transpac de San Francisco a Tokio que Tabarly completó brillantemente. Es el precursor de los monocascos de 60 pies actuales con sus balastos, su quilla profunda y fina, su proa reducida al máximo así como sus líneas traseras muy anchas y portadoras.
El velero fue financiado por el Puerto de
San Rafael que lo puso a la venta después de la competencia.
PEN DUICK VI. Primer clase 1 de Tabarly, creado especialmente para la primera regata alrededor del mundo, la Whitbread de 1973-1974. Fue diseñado por André Mauric y construido en 1973, en Brest, en tiempo récord. Todas sus posibilidades de ganar fueron arruinadas sin embargo por dos daños producidos en la primera y la tercera etapa. En 1974, la Bermuda-Plymouth es la primera de las numerosas regatas que el queche ganó. Más tarde, en 1976, ganó el Triángulo Atlántico y la Transat en solitario, en junio. El gran maxi participará
nuevamente en la vuelta al mundo en 1981 con el nombre de Euromarché, finalizando quinto. En el siglo XXI, el Pen Duick VI
continúa recorriendo todos los mares
del mundo.
PAUL RICARD. Desde 1975, Tabarly pensó que el velero que le hacía falta para ganar
la siguiente Transat en solitario debía ser
un hydrofoil. En enero de 1979 firmó el
contrato de patrocinio con Paul Ricard.
La construcción comenzó el 22 de enero para la Lorient-Bermudas-Lorient cuya
salida se efectuó el 26 de mayo. La pérdida de dos spinnakers impidió a Éric Tabarly
y Marco Pajot ganar. El hydrofoil fue
modificado durante el segundo semestre con el fin de ganar peso para participar
en la Transat en la que Marco Pajot
terminó quinto fuera de competencia. Pero Tabarly pensó volver con el Paul Ricard a Francia buscando el récord de la travesía del Atlántico de Charlie Barr. El trayecto fue efectuado en 10 días y 5 horas con
2 días de anticipación sobre el récord anterior. Paul Ricard participó en seis regatas más antes de ser “canibalizado” para la creación del trimarán
a foil Côte d’Or 2 en 1986. |
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